miércoles, 22 de noviembre de 2017

SENTÍ...



Sentí que me atrapaban 
las caricias de la brisa 
y luego los abrazos de las olas,
en ese temporal de las pasiones, 
que vino sin pedirlo y sin pensarlo, 
a pesar de saber que me abrazaba.

Sentí que las caricias eran brasas 
escapadas de volcanes 
que llegaban derramando por el pecho 
la lava encadenada de los dioses 
y dejándome aturdida la mirada.

Sentí que el corazón estaba vivo 
latiendo sin cesar 
y que pensaba igual que un tiovivo de la feria 
rodando y persiguiendo a la sangre 
transferida en la fogata.

Sentí que los rescoldos de tu cuerpo 
tenían la galerna en su regazo 
dejando mil zarpazos en los dedos, 
hiriendo los rosales más sagrados 
guardados para ti en un día de mañana.

Sentí que se marcharan las violetas 
llevadas por los vientos del verano, 
y luego las perdiera de la vista 
surcando por encima de montañas 
como si fueron los cometas de los niños 
y no perlas cultivadas en el alma.

Sentí que me dijeras en silencio 
aquello que ocultaban las palabras 
dejándome pensando en tantas cosas, 
por culpa de la duda que surgía 
en medio del desierto de una infancia.

Sentí que te marcharas de mi lado, 
que fueras un borrón en lontananza, 
en medio de un futuro floreciente, 
vibrante y lleno de utopías y de sueños, 
que ambos habíamos creado de la nada.

Sentí que no sintieras todo esto 
y que simplemente, recogieras tu alianza, 
marchando a tu destino en las estrellas, 
dejándo atrás a un niño solitario, 
a un hombre aferrado a su poema 
y a un verso coronado con su lágrima.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/11/17

martes, 21 de noviembre de 2017

DECÍDETE...



Decídete...

Decídete, (si quieres),
y dame tu pupila,
los versos encantados,
la lluvia retenida,
el néctar envolvente
y el vino que destila...

Entrégame...

Entrégame los sueños
que están en tu retina,
la pólvora mojada
el grito de la lira,
el vuelo del cometa,
el llanto de la tinta...

Descórreme...

Descórreme el vestido
y suelta la cortina,
abriendo la ventana
al alba y nuevo día,
así tendré al nordeste
temblando y con su brisa.

Regálame...

Regálame una rosa
y en ella tus caricias,
con gotas de rocío
que son de tus mejillas,
y aquellas mariposas
que ayer te sonreían.

Por último...

Por último no dejes
que ganen la partida,
los hombres miserables,
el llanto con la ira,
el rezo de los pobres,
su sangre desteñida...

Decídete...

Decídete, (repito)
por fin, querida mía,
no juegues con los sueños,
ni seas golondrina,
recoje mis palabras
pequeñas y sencillas.

Rafael Sánchez Ortega ©
14/11/17

lunes, 20 de noviembre de 2017

MIENTRAS MIRO POR LA VENTANA...



Mientras miro por la ventana
veo correr las nubes en el cielo
y pienso en otras nubes grises,
de hace años, 
y en aquel viaje a la ciudad, 
apresurado e impaciente, 
para vernos.

Fue algo así como un huracán del alma
para abrazar la estampida de las olas
y dejar a las palabras en silencio
mientras las pupilas iban descorriendo
y desnudando los vestidos de la piel,
y dando paso a ese otro lenguaje
del tacto y los sentidos.

Las olas cercaban los corazones
y empujaban el mar hasta la playa
y hasta los acantilados de la costa
y, todo, por culpa del temporal embriagador
de aquel encuentro.

En un rincón habíamos dejado abandonados, 
y olvidados, los equipajes 
con los detalles y regalos
haciendo que los labios se buscaran 
y entregaran, sin descanso,
el sabor y el néctar de la vida.

Sin darnos cuenta entonces 
entramos en una espiral 
de sentimientos y pasiones
que se coló, profundamente, 
en nuestras almas
con aquella galerna y temporal
de olas y de sueños como si fuera
el colofón y la esperanza irreal
de dos suicidas.

Quizás debimos serenarnos,
tal vez pudimos tener el coraje 
que olvidamos al vernos,
pero no fue así,
y proseguimos en esa loca carrera
y en ese, entonces, interminable viaje
con los minutos y segundos hipotecados
en un reloj que corría en nuestra contra
y nos llevaba, sin remedio, 
al momento aquel del adiós apresurado
y la despedida.

Entonces volaron las nubes
y corrieron los corazones 
en una inmensa taquicardia,
y en un galope desenfrenado,
ya que el volcán del alma
precisaba dar vida a las sirenas
y a la sal, y a las anémonas 
de nuestras venas,
en ese inmenso caudal
de sentimientos que afloraban
en las pupilas.

Pero como las nubes, también nosotros,
debíamos correr y volar,
volver a nuestras vida,
buscar la libertad en la distancia
y encontrar el vacío de los dedos solitarios 
y temblorosos,
en esas manos tibias y locas
que siempre recordarían aquel instante
y aquellos momentos en que nos conocimos.

Rafael Sánchez Ortega ©
13/11/17

domingo, 19 de noviembre de 2017

ESTOY EN EL OTOÑO...



Estoy en el otoño de la vida,
me dice un corazón que parpadea,
su voz es el latido y la marea
que dicta la mentira complacida.

Es fácil asumir la despedida
de alguna primavera que flaquea,
que muestra el vendaval y nos golpea
la arteria singular y descosida.

Estoy en ese tiempo de descuento,
tratando de alargar el cruel instante,
que lleva hasta el invierno en un momento.

Ya sé que en este ciclo tan vibrante
la vida es muy sutil, como un fragmento,
del tiempo que nos queda por delante.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/11/17

sábado, 18 de noviembre de 2017

NO BORRES LAS ARRUGAS...



No borres las arrugas de tu frente
ni quites de tus labios la sonrisa,
dejemos que el nordeste, con la brisa,
te deje su caricia sutilmente.

Si buscas lo que lleva la corriente
verás a la persona tan remisa
que un día se planchaba la camisa
de forma singular e inteligente.

Por eso no te quites la careta,
y sigue los dictados del destino
de forma silenciosa y muy discreta.

Recuerda las revueltas del camino,
el hombre que viajaba sin maleta
y el niño fascinado con su sino.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/11/17

viernes, 17 de noviembre de 2017

CAPEA EL TEMPORAL...



Capea el temporal dulce gaviota
y busca tu cobijo por la arena,
la playa tendrá a punto su melena
y en ella meterás tu cabezota. 

Es fácil que si evitas la derrota
encuentres resguardada a la sirena,
la misma que llevaba una azucena
prendida de su pelo como nota.

Evita el temporal y sé prudente,
gaviota sin igual y previsora,
no vaya a secuestrarte la corriente.

Entiende que es preciso la demora,
el puerto aguardará, pacientemente
que vuelvas, por su calma, en otra hora.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/11/17

jueves, 16 de noviembre de 2017

NO ME OLVIDO DE LA INFANCIA...



No me olvido de la infancia
ni del tiempo transcurrido
ya que es parte de la vida
y un capítulo muy mío.

Porque todos retenemos
ese espacio tan bonito,
y los años primorosos
que despacio los vivimos.

¿Qué decir de aquella etapa,
y los pasos imprevistos,
de quel niño que crecía
entre juegos y entre libros?

Y así fue, sin duda alguna,
ese hermoso recorrido,
con colegios y leyendas
de piratas y de indios.

Se mezclaron los quebrados
con proyectos infinitos,
de viajar por otros mundos
y encontrar mil paraísos.

Aunque luego la gramática
dejó un sello muy distinto,
ya que vino con lecturas
y con dioses del Olimpo.

En la calle y en la escuela
abundaron los amigos,
que llegaban y se iban
como el agua de los ríos.

Y quedaron unos pocos
compartiendo, cual mendigos,
tantos juegos inocentes
entre el polvo del camino.

¡Primavera de la vida
que has pasado y que he vivido
hoy te pido que regreses
y me prestes tu cariño!

Bella infancia, irrepetible,
que recuerdo y que remiro,
rebuscando entre sus pliegues
una esencia que persigo.

Yo sé bien que allí nacieron
sentimientos muy bonitos,
y también las mariposas
me mostraron sus vestidos.

Aquel vuelo de la alondra,
los gorriones con sus trinos,
golondrinas en la tarde
acercándose a los nidos.

Y recuerdo de esa infancia
a la luna con su brillo,
que me hablaba desde el cielo
dando fuerza a mis latidos.

Hasta el mar tenía un verso,
un arrullo y un suspiro,
y un rumor de caracolas
que dejaba en mis oídos.

Hay mil brumas de la infancia
con retales y con hilos,
laberintos y verdades
irreales y furtivos.

Pero el sueño de la vida
es la infancia y entresijos,
temporales y galernas
que despiertan con sus gritos.

Y aquí vuelven, nuevamente,
porque son, en sí, testigos,
los fragmentos de ese tiempo
con los años deducidos.

No es que añore yo la infancia,
que es un tiempo ya marchito,
pero estoy en el otoño
y preciso de ese ciclo.

(...El silencio de los bosques,
la humildad de los mendigos,
las canciones de las fuentes
y el latido de los lirios...)

¿Dónde estás mi poesía?,
¿dónde ocultas tu gemido?,
ya que busco entre la infancia
los acordes del vinilo.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/11/17